18 feb. 2017

'Sherlock. The Final Problem’: Pirotecnica despedida de "nuestros chicos de Baker Street"

No me va a hacer ni puñetera gracia que no vuelvan, y punto. Que ‘The Final Problem’ se siente como una despedida es algo que nadie puede negar. No solo por ese carrusel de imágenes cotidianas con el que Steven Moffat ha decidido cerrar el episodio, haciendo gala de una rutina, la de los casos y el día a día en Baker Street, que nos hace pensar en la inmortalidad de las aventuras de nuestro detective favorito, sino porque todo lo que tenía que cerrarse ha tenido su resolución.







Ese guiño a Irene Adler que tanta ilusión me hizo en ‘The Lying Detective’ ahora lo interpreto como una manera de concretar en qué punto se encuentra la relación de esta dominatrix y Sherlock, algo que no hubiese venido a cuento si no estuviesen dejando la ficción limpia de flecos. Lo mismo sucede con la confesión de los sentimientos de Molly, ese “te quiero” destructor que acaba con el secreto a voces para dejar al descubierto los sentimientos de aquella que siempre importó. Sí, la reacción de Sherlock es como para darle otra temporada sin pensarlo ni un segundo más y sí, ese momento inesperado en torno a “la mujer” vino más a afianzar la humanidad del protagonista y a subrayar el amor de John por él, pero aún así, se siente como un adiós, es inevitable.

Más allá de ese sabor de boca amargo por el miedo a una despedida definitiva, el cierre de la cuarta temporada de las aventuras de este querido dueto detectivesco, no me ha resultado para nada decepcionante, y sigo sintiéndolo así, como un capítulo emotivo y revelador, loco e intenso que nada tiene que ver con lo que muchos críticos y fans afirman haber presenciado. Eurus Holmes me parece una idea tan demoledora, que cuenta tantísimo del corazón de Sherlock... Quizá la ejecución en algunos momentos altere de más, pero para mi sin duda la fascinación se esconde en esa tensión infinita, incomoda y atronadora.


Contar con Moriarty fue un puntazo. Que la música de nuevo robase el protagonismo, aunque solo fuera por un instante, como sucediese con la resolución de aquel estupendo cliffhanger que marcase un inicio por todo lo alto de la segunda temporada, vino a dar un alivio cómico que echo en falta cuando los episodios tienden a la melancolía. Y es que la esencia de las aventuras de Holmes siempre me ha parecido que campa a sus anchas en episodios como 'The Lying Detective', con más risas en la oscuridad. A pesar de eso, como final, la apoteosis no podía estar más lograda. No me quejo de nada. Ni de toda la metáfora del avión que me parece estupenda, ni de que se precipite una resolución que no necesitaba nada más... El único vacío que me puede transmitir el capítulo es el que me queda al pensar que ya no habrá más.

Aún así puedo entender el disgusto de los fans que no aprecian la manera de narrar de Moffat. Tan de giro, en el giro, y después de ese giro, otro más y así. La montaña rusa puede desconcertar y transmitir una sensación de ruido que en este caso no viene a ocultar una falta de estructura, de hecho es todo lo contrario, trazar esa resistente tela de araña para responder en un episodio cuestiones que arrastrábamos de temporadas pasadas... Demuestra un orden envidiable. En mi opinión Steven siempre transmite éxtasis haciendo gala de un control férreo, al menos en el caso de Sherlock, si que es verdad que con 'Doctor Who' es otro cantar.


Eso sí, a pesar de que en esta otra serie magnífica de ciencia ficción se le vaya de las manos la trama ante la locura infinita que es desarrollar una aventura que carece de límites, el viaje siempre merece la pena porque no puede ser más emocionante. Con 'The Final Problem' sucede lo mismo, aunque ese desenlace no me hubiera gustado, que no es el caso, Barba Negra lo habría compensado todo. Esa amistad infantil que marcó el comportamiento en sociedad del rey de las deducciones hasta el punto de hacer que buscase la frialdad analítica en contraposición al sentimiento. O Mycroft, y esa escena imperdible en la que el mayor de los Holmes llega a la conclusión de que Sherlock no puede prescindir de su amigo, de su vínculo con la humanidad. Ese momentazo de los que estremecen con el protagonista de esta gran serie destrozando el ataúd que su hermana había preparado para Molly...

La narrativa sentimental, mezclada con la cuenta atrás y un rizar el rizo de los que no acaban nunca, podría haber sido mucho, pero las piezas encajan y el dueto de violín final soporta ese momento de asimilación tan necesario de una manera estupenda. Asimilación ente todo lo que acabamos de ver pero también ante la certeza de que se nos han acabado los extraños casos de este tándem inmejorable. 


Multitud de rumores, un aluvión de declaraciones, otras tantas opiniones... La vorágine informativa que rodea ese "final" es considerable. Los hay que apuntan a la mala relación entre las dos estrellas que encabezan esta serie. Benedict Cumberbatch y Martin Freeman. Probablemente serán los mismos que defienden que la muerte de Mary, que según los creadores estaba prevista desde un principio, fue el resultado del divorcio de Amanda Abbington y Freeman, una separación que según la pareja no ha podido ser más amistosa.

Las lenguas bífidas dicen que la química entre Holmes y Watson no ha trascendido a la pantalla, y que su amistad es gélida como la propia Eurus, algo que quitaría todas las ganas a las estrellas del show de retomar esos personajes a los que deberían estar eternamente agradecidos. Nada que ver con lo que sostiene el equipo y los propios actores, que aseguran que nunca han faltado ganas de volver a ponerse manos a la obra siempre y cuando haya una historia interesante que contar.


El propio Moffat ha asegurado que el problema no es la falta de interés sino los múltiples compromisos que cada miembro del elenco tiene más allá de esta exitosa serie de la BBC. "Nos encanta hacer esta serie, así que lo que diría es que estamos muy ocupados. Por ahora no vamos a seguir con la regularidad que habíamos mantenido, pero ya veremos. Si encontramos el momento adecuado, haremos más", nada de adioses definitivos. Nada de "este es el final". Básicamente lo que sí ha sostenido el creador y guionista de esta ficción es que se han curado en salud por si no vuelven, algo que de "definitivo" tiene la sombra y poco más.

"Si este episodio fuera el final, y esto es algo que no planeo, podría acabar así. No podría haber terminado en temporadas anteriores porque siempre nos despedíamos con cliffhangers increíbles. Me sorprendería que este fuese el último episodio de la serie, pero definitivamente podría ser"... Ni confirma ni desmiente. Ni pa' ti ni pa' mi. Quiere pero, de momento, no puede. y así. Claramente el amor de Moffat por esta adaptación contemporánea de las aventuras nacidas de la pluma de Sir Arthur, pasión que comparte con el co-creador de la serie, Mark Gatiss, no ha menguado con los años, algo que podría ser la clave de cara a un regreso con el que cuentan la mayoría de los fans.

¿Veremos a nuestros chicos de la calle Baker resolver algún misterio en Rathbone Place o será ese el último plano de la serie? Adecuado sería. Y es que este instante es un guiño/ homenaje de Gatiss y Moffat a Basil Rathbone, actor que diese vida a Holmes en los 40 y empujase a estos showrunners a desarrollar una versión moderna del detective. Ojalá el guiño insinúe algo más y en realidad esconda el punto de partida de próximo especial, uno en la línea de 'La novia abominable'. Ojalá.

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