15 ene. 2017

'Sherlock. The Lying Detective': Vuelve la camaradería y el ritmo endiabladamente adictivo


Hay algo genuinamente único en la manera en que escribe Moffat, sino no encuentro otra explicación. Bajo su batuta ‘Sherlock’ se luce más allá de lo que cualquier fan pediría. Arrolla, es tan intenso que aturde, es divertido, emotivo, excitante, su viaje es imposible de predecir, descoloca y brilla con unos diálogos de quitarse el sombrero a la par que entretiene, algo digno de aplaudir, porque, ¿cuántas películas o series hay, maravillosamente alabadas por la critica, preciosamente escritas, pero ridículamente soporíferas? Innumerables. Pero ficciones realmente geniales que a la vez tengan un ritmo tan endiabladamente adictivo... Son un tesoro, una especie en extinción.

Por los pómulos de Cumberbatch Steven, si se te ocurre que ha llegado la hora de despedirse de nuestro detective favorito, encuentra un proyecto así de irresistible lo antes posible… No puedo vivir sin tus giros imposibles, sin ese toque genuino que convierte el que podría ser un episodio más, en una joya para repetir, compartir, atesorar... ¿Pensáis que exagero no? Todos los piropos no son suficientes para ‘The Lying Detective’, y sa' acabao’. Sí, la razón me dice que hay cosas que no me gustan, que sigo sin aceptar ese lado humano de ‘Sherlock’, que me cuesta verle con el corazón al descubierto, que la máquina de deducción absolutamente insensible que conocimos, es imposible que se corresponda con el protagonista de esta cuarta temporada, pero ah, ahí esta la señora Hudson para recordarnos que al final las pistas han estado presentes desde el principio, y que lo que sentimos es lo que hay: un amor sin límites hacia un episodio redondo.


¿Recordáis en ‘A Scandal in Belgravia’, mi capítulo favorito de la serie, cuando Mycroft y Watson tratan de decidir qué contarle a Sherlock sobre el destino de Irene? El (al menos hasta ahora) mayor de los Holmes le preguntaba a John qué sugería del corazón del detective que de pequeño quisiera ser un pirata. La pasión ha estado ahí desde el principio, oculta por el rechazo de una sociedad muy poco dispuesta a aguantar sus peculiaridades, al fin y al cabo, ¿a quién estamos dispuestos a aguantar hoy en día?

¡OJO SPOILERS!

El caso es que la admiración de Watson hacia su amigo nos ha llevado hasta aquí. Nos ha conducido hasta un punto de amor incondicional entre ambos que abre las puertas a tantas cosas... La primera de ellas: el perdón tras una brecha que considerábamos insalvable. Y es que después de ese desenlace de ‘The Six Thatchers’, personalmente no daba un duro por la continuidad de la camaradería del dueto tras la muerte de Mary. Descreída. Cínica. Pensé que John no respetaría la decisión de su mujer. Pero así lo afirma. “No es tu culpa Sherlock, fue su elección”, y en la sinceridad de este personaje que sin duda me ha dejado la boca abierta una vez más, se ha descubierto lo que verdaderamente une a este par: la imperfección. Ambos dos no son los hombres que las personas que los aman creen ver en ellos, y ambos aspiran a serlo algún día


El trasfondo, más claro que nunca, directo y sutil, bello, cala mientras todo lo demás nos llena de preguntas que tendrá que contestar una season finale que promete ser de infarto. Solo en una escena, la vida de Watson, la de Sherlock, la de todos, ha terminado patas arriba y en cliffhanger, un desenlace más cardiaco imposible. ¿Habrá sido la recién descubierta hermana la mente tras Moriarty desde el principio? ¿Sherlock no la reconoció por el consabido disfraz o porque realmente no la conoce? ¿De verdad es el fin de Culverton Smith? ¿Ese disparo (que me niego a considerar certero) marcará el final de la serie? Demasiadas incógnitas para un único episodio ante el que las expectativas nos van a volver locos. ¿Veremos a “la mujer” hacer su aparición ahora que hemos descubierto que Sherlock la responde "a veces"? En serio, cuando pensaba que esa escena de acercamiento, de confesión, de necesidad, plasmada maravillosamente por estos dos titanes de la pantalla, no podía mejorar... Se escucha a Irene Adler gemir. Moffat no toca techo nunca. No-toca-techo-nunca. Y lo mejor es que con cada escena nos recuerda que la base de todo es una buena historia.

Es la misma serie, pero hasta los gráficos te parecen mejores, ¿por qué? Moffat entrelaza los acontecimientos de una forma tan brillante y usa los efectos de manera tan inteligente, que siempre es más espectacular. La noche de Sherlock con el “viento del este” comiendo patatas fritas y explicando por qué tenía claro que su piso era una caja de zapatos… Disfrutas zambulléndote en la mente del personaje como nunca. Además los diálogos se superan por momentos y las escenas cómicas alivian el tono oscuro de un primer episodio que había dejado el lado aventurero del par de dos a un lado.

Y qué decir de la señora "not your housekeeper" Hudson, su cochazo, su instinto maternal y su peculiar manera de lucirlo... Ya está Steven, si ha llegado la hora de decir adiós a nuestro Sherl, tenemos el proyecto perfecto para ti: ¡Un spinoff protagonizado por la señora Hudson!

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