12 ene. 2012

The Artist. El oportuno homenaje a un cine irrecuperable.

Para mí siempre hay algo especial en el blanco y negro. Un encanto atemporal que me recuerda a tiempos en los que la imagen cinematográfica era siempre el vehículo para narrar una historia. Cuando la explosión aparecía como culmen de una secuencia bien construida, y no era una forma de distracción ante la vacuidad de todo lo demás.

Hay algo mágico en aquellas películas. Michel Hazanavicus, el director de este film inesperado, lo sabe, y hace uso de ello.
Mediante la ausencia de palabras las imágenes se procesan con detalles más vivos y ello provoca que evoques un poco de “Cantando bajo la lluvia”, “Ciudadano Kane” o “El Crepúsculo de los Dioses”.

La originalidad de esta película yace únicamente en la carencia de esta cualidad que padecen muchas de las que se estrenan hoy en día.
Hace uso de forma inteligente del timing. No solo por la decisión de recuperar el cine de los años veinte, sino también por su estreno próximo a la entrega de los premios más importantes de la industria.

La crítica ha sido más que generosa con este film que recibe un trato de favor por lograr entretener sin palabras… Muchos lo hicieron y con más tino, así que no nos ablandemos por favor. La historia es predecible al nivel ir cantando lo que va a suceder a continuación.

Cuidado, con esto no digo que no sea deliciosa y haga disfrutar, cosa que logra principalmente gracias a su protagonista femenina Berenice Bejo. Su interpretación de la estrella emergente Peppy Miller, una mujer pizpireta y luchadora, es dulce y conmueve. Su vena cómica es solo superada por el can del protagonista masculino, George Valentin, interpretado por Jean Dujardin, que es lo mejor del punto álgido tras el momento más tenso de su metraje.

Es estupendo también ver el uso que hace de la imagen explotando todas sus posibilidades y dejando para el recuerdo planos verdaderamente bellos que ilustran de manera sutil el sentir de los personajes. Dicha sutileza se pierde en los títulos de las películas que van apareciendo como respuesta al padecimiento del orgulloso actor de ceja prominente, que con su gesticulación no deja de recordar a intérpretes que fueron verdaderos maestros de este arte, como fue el caso de Cary Grant.

El final. Creo que esa resolución inadecuada ha acentuado mis ganas de subrayar que la candidata más fuerte a llevarse estatuilla dorada este año, es chocante a estas alturas de la historia del cine, pero desde luego no esplendida. Una puntillita que Michel podría haberse ahorrado, destroza la magia construida durante la hora y cuarenta minutos que el espectador se implica en el juego.

En definitiva el placer durante la proyección viene de la vena nostálgica que te atrapa, del lunar y desparpajo de Peppy, de la construcción de los planos y de los gags caninos. Pasas un rato curioso. Pero de ahí a gran revelación de la temporada hay un camino que “The Artist” no recorre.

2 comentarios:

  1. Cuánta razón tienes. Debemos reconocerle su mérito para llevar a la gente al cine y que sabe explotar y traernos esa nostalgia del pasado pero no es una obra maestra.

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  2. Mérito tiene, pero ayuda también. Que el impulso de la crítica hace mucho... Pero es eso, que entretiene con unos planos verdaderamente bonitos, pero nada más.

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