20 feb. 2013

House of Cards y su corrupción seductora



En la línea de las exitosas ficciones de corte político que han enganchado sobremanera al público, tanto estadounidense como internacional, llega ‘House of Cards’. Esta adaptación producida por Netflix bebe del espíritu de la mini serie británica en que se basa y cuenta con el indudable atractivo de una dirección viva construida por David Fincher. Pero el principal reclamo es su protagonista Kevin Spacey, un actor que encarna sin dificultad a una fiera política con piel de inocente currante.

Cuando la carrera del personaje interpretado por Spacey, Frank Underwood, se ve truncada por la traicion de aquellos en los que habia depositado su fe, decide comenzar su escalada a la cumbre olvidando todo escrúpulo y con la firme convicción de  alguien que se siente poderoso y presume de no detenerse ante nada ni nadie.

La corrupción política, las mentiras, el poder, la venganza, el periodismo romántico y el instinto despiadado no son nuevos, por lo que quizá lo más atractivo de esta ficción sea la relación de este aspirante a secretario de estado, con su esposa Claire.

Este personaje interpretado por Robin Wright es mucho más que una mujer persuasiva que maneja los hilos de un gran hombre. Su ambigüedad y la forma en que moldea la personalidad de su marido resultan mucho más atrayentes que ninguna otra trama de la serie.

Lo demás son las mismas intrigas políticas que están tan de moda. Eso sí, la estructura de la serie no está mal y salvo algún momento mal escogido que tira piedras sobre esa imagen poderosa tan celosamente construida, esta ficción puede gustar mucho.

Tiene todos los elementos que hacen absolutamente suculenta esta historia para los seguidores acérrimos de todo lo relacionado con las entrañas del gobierno de los Estados Unidos. Si os encontráis entre esta tribu de seriéfilos, tomad nota: el 21 de febrero se estrena en Canal + España.

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