28 oct. 2013

Drácula: Monstruo con complejo de héroe envuelto en una imagen impecable

La promesa de ver a Jonathan Rhys Meyers arrebatador a la vez que maligno, es lo que sin duda habrá atraído a la mayoría de los espectadores que han disfrutado del primer episodio de esta nueva serie de la NBC. Pero Drácula parece quedarse en el intento de ofrecernos algo más. 


Adaptar a la pequeña pantalla el clásico de Bram Stoker es muy arriesgado, ya que en los últimos tiempos hemos estado bastante saturados de vampiros televisivos y cinematográficos. Además el personaje ya resulta más que familiar a la mayoría de los espectadores.


Eso ha sido lo primero que me ha frenado a la hora de sumergirme completamente en el mundo de esta nueva y cuidada versión del vampiro. Al ver a Lucy no he podido evitar pensar que la melena roja que lucía el personaje en la película de Coppola, plasmaba el carácter lascivo del mismo de manera mucho más eficaz y visualmente potente de lo que nunca lo hará el rubio apagado elegido en esta nueva versión.

Asi, queda claro que este Drácula no puede competir con aquel film mítico que hacía alarde de un cromatismo fascinante, ni falta que hace. Con su episodio piloto ya demuestra que también nos puede hacer disfrutar mucho marcando distancias con el espíritu de la novela.

Los escenarios, la ambientación y el vestuario estan meticulosamente cuidados, algo que queda más que patente en la fastuosidad de ese baile de bienvenida que nos conquista sin remedio desde el punto de vista estético y fantástico.

Y comento esto último porque hacía tiempo que una serie no conseguía sólo con su aderezo dejarme absolutamente cautiva en unos minutos. De hecho la última que, según recuerdo, logró algo similar es “Downton Abbey”... de las dos podríamos decir que lucen un aspecto impecable.

Pero no sólo se vive de una imagen potente, y Alexander Greyson, el hombre tapadera del monstruo, me ha parecido un poco falto de fuerza, agresividad y maldad al principio, pero en esto ya en el piloto se nota una evolución. Lo mismo pasa con la acción, que brilla por su ausencia, hasta el final de este “The Blood is the Life”.

Sinceramente, tampoco la estaba echando de menos. El ritmo del capitulo es exactamente el que ha de tener, y la introducción de los personajes es tan eficaz que casi intriga.
Pero el argumento no llega a convencer del todo. Principalmente porque nuestro chico muestra demasiadas semejanzas con cierto superheroe que nos ha robado el corazón cazando villanos flecha a flecha. No imaginaba yo a Drácula necesitando motivos para matar y quitando la vida únicamente a aquellos que ennegrecen el mundo. Por ahi quizá deberian darle una vuelta al enfoque que han elegido, quizá obsesionados con alcanzar a la mayor cantidad de público posible.

A pesar de esto y hasta que se demuestre lo contrario, Drácula ya es una serie palomiteliciosa en toda regla. Veremos hacia donde se dirige en próximos episodios nuestro protagonista, y si su amor eterno da el juego que se merece.

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